viernes, 27 de julio de 2007

INTRODUCCION A LA PRAGMATICA DE LA IMAGEN


Augusto Solórzano
Magíster en estética

Al hablar sobre la semántica (teoría que estudia y analiza los procesos de significación), nos hemos habituado en alguna medida a ver el significado como una relación entre los signos y la realidad. Sin embargo, el vínculo entre signo y realidad no se agota allí, y la razón es muy sencilla: la significación de una palabra o de una imagen depende ente­ramente de relaciones complejas que el hombre establece con los demás hombres y con el “medio” que le rodea.
En el caso de la pragmática visual el proceso cognitivo de la percepción visual, depende enteramente de las siguientes operaciones mentales: uno, captar el objeto, dos, analizarlo, tres compararlo y, cuatro, adaptarlo a un contexto especifico. En otras palabras, establecer un vínculo pragmático con una imagen es simplemente remitirse a determinadas formas de articulación del saber y a las condiciones concretas de su producción, recepción, sensación, comprobación manipulación y organización.
Como bien lo demostró la teoría comunicativa del siglo XX, la condición primaria para que algo llegue a ser tenido en cuenta como mensaje es que éste este destinado para alguien en particular. El diseñador grafico dentro de este contexto es sin lugar a dudas un comunicador especializado que cubre necesidades primarias y secundarias, que planea el mejoramiento de la calidad de vida dentro



de una sociedad y que, además, hace uso de códigos estéticos para ordenar y embellecer la jungla de palabras y de imágenes que a diario nos rodean.
En efecto, si una imagen significa algo, lo significa siempre para alguien y ello es así por­que sencillamente alguien más quiso significarlo. De esta forma, el significado no es más que uno de los tantos elementos del lenguaje, y el lenguaje es, ante todo, una herramienta para la comunicación entre los hombres.
Bajo esta perspectiva de la comunica­ción, casi podríamos adentramos ya en la dimensión pragmática del signo visual. Sin embargo, para poder establecer el termino “pragmática de la imagen” o “pragmática del signo visual” se requiere dar la vuelta a la pagina y decir que dicho concepto es totalmente nuevo dentro del contexto cultural dado que éste no había sido tenido en cuenta hasta la década de los años sesenta cuando Roland Barthes amplia el campo de investigación de la lingüística y ve cómo esta rama del saber concierne por igual a las actividades populares entre ellas el catch o la lucha libre, la publicidad, la moda y, no solamente a ciertas actividades intelectuales ligadas al estudio de la lengua y la lógica.
Hasta ese momento, tan solo se hablaba de la pragmática lingüística y se le definía como una disciplina que estudiaba el discur­so (es decir, que estudiaba el habla, los actos de hablar o de escribir) como un acto humano que se dirigía a la producción de ciertos efectos. En esencia, podríamos decir que Barthes fue el pionero que abrió la puerta para que los términos abstractos de la lingüística fueran traducidos a las experiencias cotidianas. El otro gran antecedente del giro pragmático[1] es Charles Morris quien luego de trabajar a fondo una teoría alrededor de los signos estableció una sistematización de la teoría semiótica cuyo campo de acción fue dividido en: semántica (relaciones de los signos con los objetos a que son aplicables), sintáctica (relación formal de los signos entre sí) y pragmática (relación de los signos con los interpretantes).
El proceso semiótico que este autor plantea se basa en la formulación de tres tipos de reglas; reglas de formación, reglas de transformación y la Regla Semántica que determina en qué condiciones un signo es aplicable a un objeto o situación. Desde esta última perspectiva es que se abre la dimensión pragmática que tiene en cuenta cómo en determinadas circunstancias el interpretante recurre al uso de sinnúmero de hábitos y cómo también los hábitos determinan en el interpretante la manera de hacer un uso muy preciso de los signos.
En el caso de la imagen visual estas fisuras teóricas son las que permiten empezar a dimensionar cómo opera la pragmática en todo lo concerniente al signo visual.

Hablar de la prag­mática visual no es mas que hablar de una parte de la semiótica que trata de establecer de origen de los signos visuales, sus diferentes usos y sus múltiples efectos, así como también de la manera en que éstos producen y determinan conductas especificas dentro del contexto en el cual aparecen. La pragmática visual interrelaciona la intuición intelectual de la que dispone el diseñador grafico y, en general el creador o comunicador visual con la subjetividad que caracteriza ciertas experiencias que son compatibles con la posibilidad de una determinación objetiva y exhaustiva de cualquier significado.

Dado que la imagen está presente en cualquier contexto cultural, el ámbito de la pragmática visual es demasiado amplio y sirve para muchos propósitos. Allí donde operen los pro­cesos fisiológicos del acto de hablar, los análisis psicológicos, etnológicos y sociológicos comparativos entre los hábitos lingüísticos de distintas perso­nas o grupos sociales, la pragmática de la imagen tiene un campo de acción específico. De hecho, podría decirse que donde la imagen opere

con un fin comunicativo determinado e influya en el comportamiento de quien lee la imagen bien sea a nivel de información, de pregunta, de pedir o solicitar algo, de insul­tar, de persuadir, de dominar, de halagar, de ordenar, de despreciar, de en­gañar o bien de entretener, tácitamente la pragmática esta accionando en todo su esplendor.

Toda esta variedad de funciones que atañen por igual al campo de la lingüística como al campo de la imagen, puede clasificarse en grandes grupos y reducirse así a unas pocas funciones primarias sobre las que existe cierto consenso:

a) Función descriptiva. Esta función (o uso) del lenguaje suele llamarse también informativa y se usa básicamente para llevar a la mente del receptor una determinada proposición ( ) o, lo que es lo mismo una información que ha sido cargada con una “intensión” (esta intensión se escribe con “s” porque viene del latín “tensum” que significa “ir a”, “tender a”, “buscar a) especifica por parte del emisor. No siempre que usamos el lenguaje en su función descriptiva deseamos realmente in­formar sobre lo que decimos. Sí, por ejemplo, durante un examen de historia se nos in­terroga sobre la independencia de nuestro país, trataremos de describirla (en la medida de nuestras posibilidades); pero probablemente no estaremos tan seguros de la originalidad de nuestra respuesta como para que tengamos la intensión de aportar nuevos datos y acrecentar o modificar con ellos los co­nocimientos del profesor y de la historia misma.
Usamos el lenguaje en su función descriptiva, pues, cuando discurri­mos y razonamos acerca del mundo que nos rodea
La función descriptiva es usada cuando pasamos y razonamos acerca del mundo que nos rodea.
El sistema descriptivo relaciona las propiedades con sujetos. En otras palabras, esta función es usada para describir las propiedades características que se atribuyen a los sujetos. Ello se puede corroborar a través de los siguientes ejemplos:
“Sócrates y mi tía Etelvina son mortales", "el perro de mi vecino es violeta" o "el fara­ón Pepi se casó con su hermana". En cada uno de ellos estamos atribuyendo respectivamente al filósofo, a la tía, al perro y al faraón las propiedades de ser mortales, tener color y de haber practicado el tradicional incesto de los reyes egipcios.

Cuando se dice "la estupi­dez es una enfermedad contagiosa", se afirma que, cualquier cosa que sea la estupidez, ella pertenece a la clase de los objetos que tienen la propiedad de ser "enfermedad contagiosa", junto con la gripe, la tuberculosis y la sífi­lis.

b) Función directiva. La función directiva, a diferencia de la descriptiva no guarda relación con los valores de verdad. Básicamente esta función e trata de las expresiones que emplea una persona para provocar o promover en otra ciertos comportamientos, actitudes que influyan en la voluntad de esta última. En el ámbito militar ésta se evidencia fácilmente cuando a la tropa se le da la orden "¡A levantarse, carrera mar!" o, cuando por ejemplo, cuando a alguien se le hace un pedido se hace un pedido, una solicitud, un ruego y, en general en todos aquellos actos del habla que pretenden que alguien actué o se abstenga de comportarse de cierta manera.
Incluso puede considerarse que una pregunta también integra el grupo de las expresiones directivas, porque constituye un pedido de respuesta, el reclamo de una conducta consistente en proporcionar una información. Así, la expresión "¿qué hora es?" podría traducirse por "dígame usted la hora, por favor".

c) Función expresiva. Esta función tampoco pretende predicar verdades o falsedades. Desde una óptica psicológica podrá decirse que son auténticas o artificiales; desde el punto de vista estético, que son bellas. Ante todo ésta sirve para manifestar sentimientos o emociones que necesitamos desahogar en la vida cotidiana; en otras palabras, sirve para desahogarnos nuestros sentimientos ante nosotros mismos y ante los demás. Como ejemplo tenemos ¡ahí caramba!, ¡carajo! "¡Cáspita!"
d) Función operativa. Esta función aparte de mantenerse aparte de los limites de lo verdadero y lo falso no describe, expresa ni ordena, sino que realiza u opera directamente un cambio en la realidad. En el caso de la expresión “buenos días, señorita” no hay una descripción real ni del tiempo ni de la edad de la mujer a quien se saluda. Le decimos ¡buenos días señorita! A una mujer que cumpla con labores secretariales tanto como a una mujer joven sin importar si la mañana es lluviosa, nublada o calida. En dicha expresión no expresamos emociones, así como tampoco pretendemos provocar una con­ducta de nuestro interlocutor; simplemente, estamos saludando. Una vez pronunciadas estas palabras operativas o performativas hemos cumplido con la pretensión que inicialmente nos proponíamos tal como sucede cuando el juez golpea su martillo y le dice al reo ¡lo sentencio a cinco años de preciso! O, cuando el sacerdote le dice al la pareja de novios ¡los declaro marido y mujer!
e) Los usos mixtos. Esta función sirve a los límites del lenguaje expresivo y acompaña a alguna característica del lenguaje gramatical en particular. En otras palabras, intención de ésta es la de hacer cumplir al lenguaje una determinada función dentro del contexto en el cual se expone el mensaje. Todo aquello que acompaña y rodea la expresión como por ejemplo la exclamación, la interrogación o la admiración. Los usos mixtos nos proporcionan cierta información precisa sobre cual es la intención del mensaje que se nos esta trasmitiendo. Una orden pretende obtener de nosotros una conducta, pero a la vez nos proporciona cierta información sobre las preferencias de quien la emite, y es fácil hallar también en ella la expresión de cierta actitud emotiva: el deseo del emisor por aquello que prescribe, o su rechazo por aquello que prohíbe. Aun el mensaje más puramente expre­sivo, corro "¡ay!", incluye la información de que su emisor siente alguna clase de dolor y, en cierto contexto, puede servir para incitarnos a darle ayuda.






Para comentar en el Blog

1. Haga una investigación previa sobre cada una de estas funciones que están dispuestas para la pragmática lingüística y exponga cómo operaria cada una de ellas en términos de imagen. Busque ejemplos de imágenes que permitan corroborar sus comentarios.


[1] La sintaxis es el pun­to de partida de la semántica, ya que para estudiar las formas de significa­ción y sus problemas es preciso admitir primero ciertas expresiones a las cuales haya de atribuirse aquella significación, y para distinguir las expre­siones aceptables (bien formadas) de las inaceptables (mal formadas) es ne­cesario conocer o establecer ciertas reglas de formación. A su vez, la se­mántica es una base necesaria para la pragmática, ya que el uso que se hace del lenguaje presupone el manejo de los significados atribuidos a los signos que se empleen